Era al pueblecito de Coron y buscaba donde lavar la ropa. Así he conocido a Josie Pavoreal, que tiene una lavandería más humilde imposible, en una cabañita hecha de madera. Enseguida me ha ofrecido una silla y hemos empezado a charlar. Ha habido tanto feeling que le he prometido fotografiarla y enviarle copia por correo. Al oírme se ha emocionado muchísimo. Se ha puesto las dos manos a la cara, riendo y dándome las gracias.

Al final, hemos intercambiado las direcciones con la promesa de escribirnos (siempre más).


1 comentarios:
Que bonito ser capaz de emocionarse con las cosas más simples...
Publicar un comentario en la entrada