Con Leo hemos ido a una de las zonas más dejadas de la ciudad. Y allí hemos decidido, porque nos ha salido así, de ir al barbero. Al entrar hemos preguntado si nunca antes había cortado el pelo a un blanco. Ha sido un poco difícil pero al final nos ha contestado: nunca. Yo le he dicho que para mi no era ningún problema. Él me ha respondido que tampoco, pero que cortar el pelo a un blanco vale el doble. Le he dicho que de acuerdo y se ha puesto manos a la obra. Durante todo el rato ha ido apareciendo público. Cuando he hecho la conversión a euros del precio me he dado cuenta que es 30 veces menos de lo que estoy acostumbrado a pagar. No me atrevido a comentarlo.


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